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Las cinco películas de Navidad que el progresismo podría cancelar

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Cristiandad, familias tradicionales y cero cuotas de género o LGBT. Por estas razones estos clásicos de Navidad son incompatibles con el progresismo

Tan común como el árbol de Navidad y la Natividad se han vuelto los clásicos del cine en maratón por estas fechas. Pero en nombre del «progreso», todo aquello considerado tradicional está bajo amenaza. «Es 2023», podría ser el argumento para poner fin a todo aquello asociado con los valores que nos enseñaron nuestros padres y abuelos. Por ello, antes de que termine el año 2022 hay al menos cinco películas de Navidad que todos deben ver antes de que progresismo las cancele.

Aunque esta advertencia pueda parecer una sátira, nada resulta exagerado en estos tiempos en que la realidad supera la ficción cuando se trata de la imposición de reglas en lo político, social y cultural en nombre de la inclusión.

1. Mi Pobre Angelito

Una de las películas de Navidad más vistas es Mi Pobre Angelito. El largometraje realizado a inicios de los años 90 podría estar desactualizado para los nuevos estándares. Hay varias razones. Una de ellas es que no incluye cuotas LGBT. Pese a que los villanos son dos hombres que pasan mucho tiempo juntos tramando ingresar a la casa de los McCallister, la producción no permite suponer la posibilidad de un romance. Toda la película está cargada de pensamiento heteronormativo. Exacerba los roles de género. La madre de Kevin está desolada por su hijo, en lugar de disfrutar de París.

Este clásico de Navidad se enfoca demasiado en exaltar a la familia tradicional y no le da importancia a la inclusión. Ni se diga de la posibilidad de familias alternativas. Además, convierte en una tragedia la ausencia paterna. El «Viejo Marley» aparece inicialmente como el malo de la película. Hasta que finalmente le desea al protagonista, Kevin McCallister, una «Feliz Navidad». Y lo hace nada menos que en una iglesia católica, que en el film se vuelve un lugar de reconciliación entre ambos. La Iglesia católica es una institución que el progresismo se ha empeñado en volver obsoleta.

Adicionalmente, la sabiduría del anciano le busca dar una lección al niño para que valore su familia antes de perderla. Pero esto no es más que «edadismo». Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el edadismo se refiere a la forma de pensar (estereotipos), sentir (prejuicios) y actuar (discriminación) con respecto a los demás o a nosotros mismos por razón de la edad.

2. Una historia de Navidad

Algo similar sucede con Una Historia de Navidad. Aquí hay un componente aún más preocupante: la misoginia. A lo largo de la historia, la madre de Ralphie no es más que una ama de casa. Pese a todo el progreso social, ella nunca desarrolla una carrera ni aspiraciones personales. De hecho, ni siquiera sabemos su nombre.

No somos testigos de su empoderamiento. Es la encarnación de lo que el feminismo denomina estándares de belleza heteronormativos. Ya en la primera ola de este movimiento, mujeres como Mary Richardson lucharon contra esto, acuchillando cuadros en museos con un cuchillo de carnicero, pues la mujer como símbolo de belleza es algo intolerable.

3. Santa Cláusula

Otro arquetipo que debe desaparecer, de acuerdo con esta lógica, se encuentra en The Santa Clause o Santa Cláusula, como se tituló en Hispanoamérica, pues se trata de un hombre blanco, heterosexual y muy masculino, que en total desapego con la lucha de clases, oprime a sus empleados con tareas incansables 364 días al año. Esta película de Navidad podría ser cancelada por la esclavitud a la cual son expuestos los trabajadores.

Para colmo, el protagonista, Tim Allen, es un conservador declarado, un cristiano devoto. Lo que según sus valores es la dignificación del trabajo, para la lógica del progresismo sería la romantización de la explotación, pues los trabajadores aparecen siempre felices desarrollando sus tareas.

4. Rodolfo, el reno de la nariz roja

Este mismo fenómeno se extiende a los seres sintientes, las personas no humanas. Rodolfo, el reno de la nariz roja, es un animal explotado por el humano. El rasgo distintivo de esta película de Navidad sería la apología al bullying. No muestra diversidad, equidad e inclusión.

La nariz luminosa no sirve para destacar la singularidad de Rodolfo, es aprovechada para el trabajo incansable al cual someten al pequeño reno. Si se aplica su caso a las personas con identidades no conformes con los estándares impuestos desde el nacimiento, como las personas no binarias, resulta desolador un mensaje que solo incluye a las personas por su uso.

5. Qué bello es vivir

Por último, la película que más engloba todo lo que el progresismo combate es «Qué bello es vivir«. Exalta la familia nuclear y es la película que, de forma flagrante, más expone valores cristianos. Incluso hay ángeles incansables trabajando por y para el protagonista.

Podría ser considerada propaganda conservadora que excluye otros credos. En plena celebración de Jánuca no hay un solo candelabro, tampoco actores agnósticos ni ateos. Mucho menos practicantes de Kwanzaa, una festividad inventada en la década de 1960 en EE. UU. como intento de unidad panafricana.

Maulana Karenga, el creador de esta celebración, estuvo preso por torturar a dos mujeres. Luego de haberles puesto el nombre de reinas africanas, las desnudó y golpeó con un cable eléctrico. La esposa de Karenga, Brenda Lorraine Karenga, testificó que se sentó sobre el estómago de la otra mujer mientras otro hombre le metía agua en la boca a través de una manguera. Maulena habría colocado detergente en las mangueras.

Desde prisión se dedicó a estudiar sobre el feminismo, es la personificación de todo lo que promueve el progresismo. Los activistas no se enfocan en los cristianos perseguidos e incluso masacrados en África por fundamentalistas islámicos. No, ven a la cristiandad como una imposición. Mientras la fe crece en África, en Occidente se pretende silenciar mediáticamente las manifestaciones de la misma. Desde la raíz, la cristiandad crece de la mano de la persecución. África no es la excepción.

Pero el progresismo no se enfoca en combatir la esclavitud moderna. En China y en el Norte de África sigue en pie. Tampoco visibiliza la persecución religiosa. Su objetivo es atacar a Occidente, sus valores, su historia y sembrar un relato victimista que divide a la sociedad en lugar de unirla. Es cuestión de tiempo para que el progresismo proponga cancelar las películas Navidad por considerar que no se ajustan a los parámetros de inclusión que progresivamente se vienen imponiendo.

Fuente: Mamela Fiallo Flor – Panampost

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